domingo, 20 de diciembre de 2009

SENTIMIENTO DE CARENCIA









Dentro de unos pocos días será Navidad.


La Navidad es una fiesta del cristianismo que celebra el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios. Polémicas historiográficas aparte, la noche del 24 al 25 de Diciembre es el símbolo de la luz que alejó las tinieblas de nosotros, el símbolo del verbo que se hizo SER.


Sin embargo, y en paralelo a su significado original, la Navidad atrae connotaciones extensas y, a veces, contradictorias al propio hecho religioso. La noche del 24, y el día completo del 25 de diciembre, se celebra comiendo plácida y abundantemente en familia, intercambiando regalos y deseando el mismo estado de felicidad a conocidos y extraños.


Algo más alejado de la tradición religiosa, celebramos el advenimiento del año nuevo no muy de distinta forma.

Otros acontecimientos completan este cajón de sastre como el sorteo de la lotería de Navidad, las vacaciones de los niños y de muchos adultos, las uvas de la suerte, la cabalgata de los Reyes Magos, el sorteo de la lotería del Niño, el día de Reyes...


Familia, dinero, comida, regalos y hogar.


Además, sentimos el deber de ser felices que lo determina la adscripción a estos cinco elementos. Cinco palabras, con cinco significados, que se destacan ahora en negrita y que, por esta razón, hacen más relevante su posible ausencia.


It is a great human weakness to wish to be the same as our friends. If they are rich, we wish to be rich. If they are poor, then we don´t mind being equally poor. We are not ashamed of being stupid, we are only ashamed of being more stupid than our friends. It is a matter of comparison.

It is also a matter of expectation. We don´t miss things that we never expected to have. We are not disappointed at being poor if we necer expected to be rich.


Charles Dickens



La sociedad en general, y nuestra Navidad en particular, subraya con excesivo énfasis los aspectos externos a nosotros como vías para alcanzar la felicidad. Esta es la razón fundamental por la que, en más ocasiones de las que quisiéramos, nos aborda el hálito de la carencia que obstaculiza de forma determinante nuestra aspiración de ser felices.


El verdadero espíritu de la Navidad es el que me invita a SER humano, no a tener, que es una Navidad más permanente y real.


Feliz Navidad

jueves, 10 de diciembre de 2009

MUTANTES y REPLICANTES








Mutantes y replicantes son dos bastas y caricaturescas categorías de clasificación del ser humano.



Replicante es aquella persona cuya conducta es copia de otra, que reproduce con igualdad a la original.

Por defecto todos somos replicantes. Esta cuestión no suele ser problemática cuando nuestras pautas de conducta nos aportan felicidad.


¿Para qué cambiar si me siento satisfecha, si mi vida es plena?

¡Qué importa ser el crisol o la causa primera de mi propia conducta!

Soy feliz e intento hacer feliz a quien me rodea.


En muchas ocasiones, cuando entre modelo y replicante hay un gran parecido, se suele atribuir a variables genéticas la similitud que se observa entre ambos. Sin descartar en absoluto la influencia de la genética, todavía estamos muy lejos de aceptar cuan profunda y amplia es la influencia a través del aprendizaje.

Otras veces, encontramos en las razones genéticas la mejor excusa para alejar fuera de nosotros la posibilidad de cambiar. Tan interiorizado sentimos nuestro comportamiento que lo suponemos consustancial a nosotros mismos: somos como somos.


Replicar, sin embargo, es una especie de canibalismo psicológico: hago interno lo que antes era externo. Ahora, el modelo vive en mí confundiéndose conmigo y, a veces, confundiéndome a mí. Es cierto que no soy una réplica exacta del modelo original; más bien soy una variación sobre el tema central del modelo. Sin embargo, se atisba en mí la esencia de aquel o aquella.


... ¿QUÉ OCURRE CUANDO NO SOY FELIZ?


Mutante es aquella persona que se esfuerza por adoptar una pauta de conducta original y alternativa a la dada por defecto. Para cambiar, sin embargo, es importante conocer quien soy yo, observarme con perspectiva para trazar un origen y una meta.
Para cambiar es necesario que algo cambie; pero sólo cuando intentamos cambiar tomamos conciencia de nuestros inveterados arraigos.


... ¿CÓMO CAMBIAR?


Podemos resumir este proceso en cuatro grandes pasos:

Primero: quiero cambiar

Segundo: me conozco y acepto

Tercero: cambio

Cuarto: mantengo mis cambios


Es la propia dificultad para cambiar la que nos hace descubrir cuan poco somos dueños de nosotros mismos. Nuestros hábitos y costumbres, nuestros miedos, construyeron la gran fortaleza que nos aleja de la conducta genuinamente libre.

Ser replicante es fácil aunque se sufra: sólo tenemos que repetir lo aprendido sin aportar ningún tipo de cambio significativo, ningún tipo de planteamiento alternativo. Tú, sin embargo, te estás planteando la existencia de otras posibilidades. Es verdad, estoy de acuerdo en que siempre estamos en un tris de volver a ser el replicante de antaño, de repetir el pasado...

No importa. Por esta misma razón estaremos con la conciencia despierta, en la alerta serena capaz de reconocer, y reconocerse, lo que resulta difícil de ver y aceptar.



¿Existe el riesgo de ser replicante? Sí.

¿Estamos condenados a ser replicantes? No.


Otra forma de SER es posible. Ánimo.

A Evangelina A., una mutante

sábado, 5 de diciembre de 2009

CÁNTARO Y AGUA










Cántaro y agua son dos realidades que forman una única unidad: CántaroyaguA

Yo creo que ser cántaro es la mejor forma de entender al agua.

Creo que ser agua es la mejor forma de comprender al cántaro.



CantaroyaguA

Tú, ¿eres cántaro o agua?



Sin embargo, siento que permanecer en un único estado, cántaro o agua, no parece ser una situación muy satisfactoria. Por lo menos para el cántaro. Por lo menos para el agua.


¡Qué alegría poder ser cántaro cuando alguien necesita echar agua!


Pero si somos siempre cántaro terminaremos colmados, desbordados y el agua se derramará, desde nosotros, al momento. Caerá agua, mágicamente de la boca de mi cántaro, sin yo estar volcado. No será, entonces, por un acto de voluntad; tampoco la iniciativa de una genuina conversación. Reflejará, simplemente, mi límite como persona.




Es necesario salir de esta realidad permanentemente asimétrica en la que vivimos. Y para cambiar necesitamos darnos cuenta: ser también agua que no derrame ni complete completamente a nadie.



Ahora soy consciente.
A Javier F.

viernes, 4 de diciembre de 2009

UN CLAVO ARDIENDO








Agarrarse a un clavo ardiendo. Esta expresión tiene un significado sobradamente conocido por todos. ¿Cómo es posible que nos agarremos a algo que nos va a hacer daño? ¡Cómo es posible! Y, sin embargo... nos agarramos.

La resolución de esta paradoja sólo se entiende si conocemos lo que puede ocurrir si no nos agarramos. Sin duda, las consecuencias negativas de no agarrar el clavo ardiendo hoy deben ser muy superiores a las quemaduras y lesiones que me va a producir el asimiento.
Al comparar entre ambas opciones decido el clavo ardiendo. Es una situación difícil y dolorosa pero, afortunadamente, provisional. Al menos eso quiero creer.


Y elijo el clavo ardiendo.

Sin embargo, la situación no era provisional como yo pensaba. Me doy cuenta de que al coger el clavo ardiendo mantengo junto a mí lo que no quiero soltar.


Esa es mi necesidad. Y opto por no soltar.

En cierta manera, y de una manera cierta, mi necesidad ha provocado ya una quemadura. Cada vez que agarro el clavo ardiendo mi cuerpo se quema más; ya puedo observar las cicatrices profundas del ayer. Pero cada vez que me daña, cada vez, siento el imperceptible placer de mantener junto a mí este objeto ambivalente.

¿Cuánto tiempo aguantarán así mis manos?

¿Cual es realmente mi necesidad?


Y hoy elijo soltar definitivamente.


Al final, comprendo que un clavo ardiendo no se ha hecho para la mano, para ninguna mano.


Todo ha sido un espejismo.



A Sergio R.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

CRITICAR





¿Cual es la imagen que tenemos de nosotros mismos?

¿Somos igualmente capaces de aceptar una crítica que un halago?



Aún en el caso de que reconozcamos en nosotros más defectos que virtudes, el reconocimiento en sí ya es una virtud y, además, permite la posibilidad del cambio. El halago, a diferencia de como dicen algunos, no debilita. Por el contrario, anima, alienta. Por supuesto, la crítica debe existir; pero la crítica CONSTRUCTIVA. La crítica constructiva, a la vez que matiza o expone su desacuerdo, es creativa pues de lo que se trata de hacer menos probable un nuevo tropezón.Por contra, la crítica destructiva únicamente persigue la descarga personal. Es un acto impulsivo porque no es propiamente una respuesta: nada tiene que ver con la acción del otro sino con la propia frustración y agresividad de quien la emite. Además, probablemente, la persona crítica y corrosiva es replicante de un modelo aprendido: padecido y parecido.

lunes, 30 de noviembre de 2009

TIERRATERAPIA



Vinoterapia
Sonoterapia
Chocoterapia
Fangoterapia
Animaloterapia
Aromoterapia
Cromoterapia
Apiterapia
Balneoterapia
Terapias bioenergéticas
Fototerapia
Hidroterapia
Electroterapia
Fangoterapia
Cinematerapia
Biomagnetoterapia
Talasoterapia
Psicoterapia
Terapia floral
Aromaterapia
...


La lista es interminable e insufrible.

¿Curan, aportan salud o ambas cosas?

¿Son clasificables?¿Merecen tal denominación?

¿Son causalmente eficaces o sólo sugestivas?

En la terraterapia, por ejemplo, el paciente se planta en la tierra de cintura para abajo, como si fuera un árbol, durante media hora cada día. Antes de que le dejen plantado es muy importante decidir qué tipo de árbol quiere ser y el tipo de riego que recibirá (por goteo, regadera, lluvia, aspersión,...). En las épocas con riesgo de frío y heladas los responsables del equipo, los terraterapeutas, acondicionan la parte superior del tronco de la persona para que la madre tierra no termine convirtiéndose en una madrastra. Según cuentan estos árboles efímeros, retomar el contacto con la tierra ha sido lo mejor que les ha pasado; escarmentados de otras terapias más ortodoxas, han encontrado en esta actividad la recuperación de la salud perdida. Son felices.




martes, 24 de noviembre de 2009

PSICOTERAPIA CON ANIMALES











Ayer día 23 de noviembre vi el programa de Canal Sur 2 Televisión "Animales en familia". Entre otros, el documental recogía un apartado sobre psicoterapia o terapia con una perra. Felicidades por el programa.

Esta no es la única terapia con animales que existe sino que, desde hace tiempo, se vienen utilizando otros animales, como los caballos o los delfines, con el fin de rehabilitar o estimular la vida de las personas con discapacidad.

Aranca es una Gran Danesa y el contexto que servía de marco era una residencia de ancianos. El animal se mostraba amigable con todos: los olía, se dejaba acariciar, pasear... La alegría de la casa. Los amables ancianos festejaban su presencia; incluso alguno de ellos guardaba en un papel arrugado un pedazo de pan duro como ofrenda y compromiso de amistad. Sin duda, este animal tan grande es un gran animal. No sé si acertaría a traducir la expresión facial del rostro de nuestra amiga pero, si me atreviera, la describiría como natural, bondadosa y firme, leal y protectora. Su presencia embriagaba aquel lugar que contagiaba sin que nadie lo bebiera.

Según los comentaristas de este documental, el éxito de esta terapia reside en el tipo de relación que se establece entre el animal y la persona: un tipo de relación desprejuiciada, de igual a igual, honesta, franca, sincera, alegre, afectiva, cercana, cariñosa, recíproca, agradecida... ¡Qué gran animal tan grande! El animal no visitaba a los ancianos porque era domingo o fiesta de guardar; no buscaba una cercana herencia ni le movilizaban los sentimientos de culpa; no hacía cumplidos y no se acercaba por cumplir; tampoco estaba amenazado. Quería descondicionadamente. Ese era y es su talante. Es así, el perro, el mejor amigo del hombre.

Incluso me atreví a pensar que la perra también se sentía especial y positivamente estimulada por ese aislado olor: el de una residencia de ancianos: cada quien era cada cual, el o ella, de eso no había duda, pero más intensamente que durante la juventud de cada uno de ellos.
Este documental me dejó un sabor agridulce. Dulce porque nuestra amiga encarnaba la amistad. Agrio porque, nosotros, los humanos estamos perdiendo lo que este animal todavía conserva. No deja de sorprender ambivalentemente que, en este contexto, los otros sean más capaces, más eficaces para alegrarnos o curarnos. ¿Tan ajenos somos a nosotros mismos?

Este panorama refleja a mi entender una sociedad que se defiende de sí misma. Utilitarista, pragmática y funcional, a imagen y semejanza de su redonda y apreciada moneda, que conserva en guetos a sus ancianos para que no dificulten la productividad de nuestras familias desestructuradas con la encantadora excusa de una atención más especializada y permanente.

...yo quisiera ser civilizado como los animales.