jueves, 10 de diciembre de 2009

MUTANTES y REPLICANTES








Mutantes y replicantes son dos bastas y caricaturescas categorías de clasificación del ser humano.



Replicante es aquella persona cuya conducta es copia de otra, que reproduce con igualdad a la original.

Por defecto todos somos replicantes. Esta cuestión no suele ser problemática cuando nuestras pautas de conducta nos aportan felicidad.


¿Para qué cambiar si me siento satisfecha, si mi vida es plena?

¡Qué importa ser el crisol o la causa primera de mi propia conducta!

Soy feliz e intento hacer feliz a quien me rodea.


En muchas ocasiones, cuando entre modelo y replicante hay un gran parecido, se suele atribuir a variables genéticas la similitud que se observa entre ambos. Sin descartar en absoluto la influencia de la genética, todavía estamos muy lejos de aceptar cuan profunda y amplia es la influencia a través del aprendizaje.

Otras veces, encontramos en las razones genéticas la mejor excusa para alejar fuera de nosotros la posibilidad de cambiar. Tan interiorizado sentimos nuestro comportamiento que lo suponemos consustancial a nosotros mismos: somos como somos.


Replicar, sin embargo, es una especie de canibalismo psicológico: hago interno lo que antes era externo. Ahora, el modelo vive en mí confundiéndose conmigo y, a veces, confundiéndome a mí. Es cierto que no soy una réplica exacta del modelo original; más bien soy una variación sobre el tema central del modelo. Sin embargo, se atisba en mí la esencia de aquel o aquella.


... ¿QUÉ OCURRE CUANDO NO SOY FELIZ?


Mutante es aquella persona que se esfuerza por adoptar una pauta de conducta original y alternativa a la dada por defecto. Para cambiar, sin embargo, es importante conocer quien soy yo, observarme con perspectiva para trazar un origen y una meta.
Para cambiar es necesario que algo cambie; pero sólo cuando intentamos cambiar tomamos conciencia de nuestros inveterados arraigos.


... ¿CÓMO CAMBIAR?


Podemos resumir este proceso en cuatro grandes pasos:

Primero: quiero cambiar

Segundo: me conozco y acepto

Tercero: cambio

Cuarto: mantengo mis cambios


Es la propia dificultad para cambiar la que nos hace descubrir cuan poco somos dueños de nosotros mismos. Nuestros hábitos y costumbres, nuestros miedos, construyeron la gran fortaleza que nos aleja de la conducta genuinamente libre.

Ser replicante es fácil aunque se sufra: sólo tenemos que repetir lo aprendido sin aportar ningún tipo de cambio significativo, ningún tipo de planteamiento alternativo. Tú, sin embargo, te estás planteando la existencia de otras posibilidades. Es verdad, estoy de acuerdo en que siempre estamos en un tris de volver a ser el replicante de antaño, de repetir el pasado...

No importa. Por esta misma razón estaremos con la conciencia despierta, en la alerta serena capaz de reconocer, y reconocerse, lo que resulta difícil de ver y aceptar.



¿Existe el riesgo de ser replicante? Sí.

¿Estamos condenados a ser replicantes? No.


Otra forma de SER es posible. Ánimo.

A Evangelina A., una mutante

3 comentarios:

  1. “He he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de la constelación de Orión. He visto rayos ‘C’ brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser... Pero todos esos momentos se perderán, como lágrimas en la lluvia… Es hora de morir..”

    En la extraordinaria película dirigida por Ridley Scott (1982), Blade Runner, se plantea una problemática fundamental que los humanos dejamos de lado en nuestra vida cotidiana: Ser replicante y ser individuo.

    Estoy de acuerdo en eso de que todos somos replicantes y, en el futuro, la diferencia será que tales réplicas serán a la carta. ¿Queremos seguir siendo replicas? Quizá esta pregunta sea más acertada. Cuando veo las noticias y, en la sección "fútbol" -que no "deportes"-, aparecen las graderías de los enormes estadios llenas de puntitos enfurecidos y reverberantes, pienso en la individualidad y en la negación de la misma.

    Mutar, cambiar. Es la razón evolutiva de los seres vivos. De hecho constantemente estamos mutando y, gracias a esos cambios, nos adaptamos al medio ambiente. No sería raro que al ser humano del siglo 1000 el oxigeno le haga daño pues sus pulmones solo sabrán respirar gases que en la actualidad son altamente nocivos para la salud. De hecho una de nuestras fuentes alimenticias es la leche de vaca, pero los primitivos hommo sapiens no podían beberla porque era una especie de veneno. Nuestro sistema digestivo se adaptó a ese producto.

    Ahora bien, hay un punto de partida en todo esto: solo queremos vivir. Vivir bien, y si nos clonamos (metaforicamente) y eso nos hace feliz entonces podemos entender a los puntitos del estadio, pero si estamos fuera de cualqueir grupo social (matriz clonadora), es la soledad y la incertidumbre la que nos acosa. Antoine de Saint Exupery lo planteó bastante bien en su libro el principito: Cuando conocía a alguien le enseñaba un dibujo que representaba una serpiente que se había deborado a un elefante. Ante esta imagen la gente decía: es un sombrero, así que el optaba por hablar de las cosas triviales que a todos interesaban sin entrar en su mundo de serpientes y elefantes.

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  2. Joaquín, soy tu primo Luis.
    Este concretamente me ha gustado mucho ehh!! muy interesante. Bueno, voy a seguir leyendo otros articulos que has puesto. Un abrazo

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  3. Me ha gustado mucho tu manifiesto, es justo lo que hay hoy dia por la sociedad, una sociedad de Mutantes y Replicantes.

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