sábado, 13 de febrero de 2010

AMOR CON CUCHARA










y amar con cuchara.

También podríamos escribir "Amor con cuchara o el precio del amor" (la vocal 'o' establece una relación de exclusión entre los dos términos que enlaza).

El entorno donde nacemos determina fuertemente la forma en la que concebimos el amor. Cuando el listón de exigencias para recibir 'aprobación' o 'amor' está muy alto el precio del cariño se dispara. Si esta experiencia se vive, una vez y otra vez, nuestra alma queda marcada por el aprendizaje de que el amor es difícil de conseguir y exigente en sumo grado.

A veces, incluso, la aprobación o la expresión del propio amor se traduce en un parco silencio exterior cuyo significado encriptado sólo unos pocos pueden descifrar: ...todo va bien...

¿Qué puede ocurrir cuando recibimos una atención, un cariño más incondicional, menos exigente o más sencillo? ¿reconoceremos el amor con este desacostumbrado ropaje? ¿admitiremos el amor con cuchara?
Es nuestro aprendizaje previo el que hace complejo el reconocimiento de este amor, la aceptación del cariño incondicional, con un aspecto tan distinto al interiorizado. Complicado sí, pero no imposible.

Para empezar, bastará ser consciente de cual es el modelo de amor en el que hemos sido educados. Luego vendrá el reto, el gran reto: ACEPTAR y VALORAR el amor que se nos dé por el simple hecho de ser lo que somos, sin exigencias. ¡Qué gran reto coger el amor con cuchara!, ¡qué difícil despegarnos del lastre innecesario de lo difícil!

El amor que propongo tampoco es el maternal aunque éste sea también importante. Se trata de librar un amor maduro, recíproco, simétrico, que acepta la realidad del otro tal cual es, un amor sin exigir obediencia o sumisión como condición para amar o ser amado.Se trata de empezar a aprender una forma menos dolorosa y costosa de amar.
En realidad, amar y que nos amen es algo más sencillo.

Otra forma de SER es posible.


A Pilar G.