miércoles, 7 de abril de 2010

LA CONDUCTA AUTORITARIA (I)






Cuando hablamos de una actitud autoritaria casi todos sabemos a qué nos estamos refiriendo. Si tuviéramos que describir, de una forma sencilla, el libretto en el que se desenvuelven este tipo de actitudes descubriríamos a dos personas complementarias que representan un drama en distintos actos: la persona autoritaria y la persona que es sometida o se somete a aquella.

Existe al menos cuatro aspectos que son nucleares para perfilar completamente este tipo de situaciones.

El primero de ellos es la importancia que para la persona sometida tiene la persona que le insta a actuar de una forma determinada.

El segundo de ellos es la sistematicidad del tipo de relación: sistemáticamente, la otra persona está "arriba" y yo "abajo". Este tipo de relaciones las he denominado relaciones asimétricas. Además, de forma implícita, estamos asumiendo que mantenemos un contacto regular con la persona en cuestión.

El tercer factor, junto con el cuarto, son los elementos caracterizadores de una relación de sumisión o sometimiento.
Por un lado, la persona autoritaria recibe, de forma regular, el mayor beneficio resultante de la relación. No es que la persona sometida no obtenga nada a cambio sino que el balance es objetivamente desproporcionado; sin embargo, aunque objetivamente asimétrico, la propia naturaleza de este tipo de relaciones puede adulterar, distorsionar la percepción que se tiene de ella. Es por esta razón por la que, en muchas ocasiones, la persona sometida "no ve".

El cuarto y último aspecto, el más caracterizador de este tipo de relaciones, es el motivo explícito o implícito para obedecer, nuestra motivación última para acatar la voluntad de otra persona: el miedo, consciente o inconsciente, a no obedecer. Este factor nos sirve para diferenciar otros tipos de relaciones también de tipo asimétrico pero que no tienen este elemento amenazador como aspecto distintivo. Si, por ejemplo, una persona nos está enseñando cómo utilizar el correo electrónico, mi motivación es aprender, mejorar la forma de comunicarme con los otros. En este caso, no tengo miedo sino ilusión, ganas y complicidad con la persona que me está enseñando.

En resumen, en la actitud autoritaria:
- Existe una relación de asimetría entre dos personas
- La persona autoritaria es relevante para la persona sometida
- Los beneficios de la relación son desproporcionados
- La motivación para obedecer es el miedo

Asimetría, relevancia, desproporción y miedo.


Otra forma de SER es posible.

2 comentarios:

  1. Enhorabuena por tu blog.

    Estoy de acuerdo, también creo que debíamos de tener en cuenta la dependencia que suelen tener estas personas sometidas a esos personajes autoritarios.

    Saludos

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  2. Acertado análisis. Conozco un caso cercano......

    no puedo comentar más.

    El día a día me arrastra...... ;)

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