martes, 29 de noviembre de 2011

JUBILACIÓN SIN JÚBILO









Como consecuencia de las dinámicas económicas actuales, muchas empresas ofrecen a sus empleados la posibilidad de prejubilarse. Esta situación implica la oportunidad de recibir un sueldo mensual hasta alcanzar la edad propia de la jubilación, cotizando a la Seguridad Social, sin tener que trabajar. Los trabajadores aceptamos esta oferta por distintas razones. En primer lugar, el ofrecimiento es algo más que un ofrecimiento. En realidad, se trata de una sugerencia sin muchas alternativas de resistencia por nuestra parte. La posibilidad de continuar en la empresa, que ya no desea nuestros servicios, puede ser una situación muy incómoda que desestabiliza la balanza hacia el lado del "sí quiero". Evitamos una herida en nuestra autoestima.

Otra razón de peso es la posibilidad de ganar dinero sin tener que trabajar. En realidad, lo que todo el mundo dice anhelar. La situación soñada. Además, emerge un tiempo nuevo que puede dedicarse a las aficiones que nunca se tuvieron.

Podríamos decir que es una situación idílica: dinero, tiempo y edad para poder disfrutar. Esto resulta ser cierto para muchas personas; sin embargo, para otras muchas no.

La cuestión en juego es el sentido de la vida. Desde pequeños nos dicen lo que tenemos que hacer y en el trabajo ha sucedido más o menos lo mismo. De repente, desaparecen los señalamientos externos que nos impelían a la acción. Se crea una situación en la que no hay nadie que nos diga lo que tenemos que hacer, a qué dedicarnos o en qué ocuparnos. Desaparece súbitamente el sentido de la vida porque venía dado por defecto. Ahora somos nosotros los que tenemos que darle el sentido a la vida, pero no sabemos porque nunca lo hemos hecho.

Esta situación es el resultado del secuestro de la responsabilidad individual con nuestra tácita o inconsciente complicidad. Cuando es el otro quien asume sistemáticamente la responsabilidad de darle sentido a nuestra vida, construimos una situación de dependencia funcional. Es el vacío mismo el que encaramos cuando la figura exterior desaparece de plano. Un espacio hueco dispuesto a llenar la esfera interior con avidez, ansiedad y angustia.

La dificultad reside en parte por la dificultad de acceder al espacio de la intimidad desiderativa. Si logramos penetrar con nuestra mirada encontramos un sólo deseo: el deseo del otro que decide por mi, que dice lo que tengo que hacer, que me seduce con su señuelo, que ayuda a mantener en el ámbito de lo desconocido un "yo" que nunca se mira a sí.

Se crea un contexto de vulnerabilidad que, frecuentemente, deriva en la enfermedad, la tristeza, la sobreatención en los hijos o el regreso a un nuevo entretenimiento laboral de naturaleza secundaria. Porque la ausencia de sentido es la señal que despierta del sueño a la muerte.

Dar sentido es una acción. Y como todas las acciones, ha de practicarse para convertirla en hábito. Una costumbre que cuando se adquiere no se pierde; haciendo posible el encuentro con el otro como otro y no como un fruto de nuestra indigencia. Dar sentido es otra forma de SER posible.

lunes, 10 de octubre de 2011

Mi










Palabra harto oída sin que atisbemos en el horizonte la dimensionalidad de lo que expresamos.

Este hábito de connotar propiedad sobre las personas está introducido en la cultura como un derecho legítimo, que no hay que revisar a pesar del sufrimiento diario que causa. Una afectación del alma que impregna nuestras relaciones más cercanas: "Es mi hijo", "Es mi hija porque yo soy su madre", "Es mi marido ", "Es mi mujer porque yo soy su marido", "Es mi amigo", "Es mi empleado ...", "Es mi...". "Mi": adjetivo posesivo.

Sin embargo, no hay tal documento de propiedad. En el mejor de los casos, una partida de nacimiento que expresa el origen biológico inmediato del nuevo ser traído al SER o un documento de mutuo compromiso con el otro. Pero no existe tal propiedad. Tampoco posesión, cesión o usufructo.

No existe objetiva pero sí subjetivamente.

Existe un sentimiento de propiedad que actúa como si una legitimidad invisible refrendara cualquier actuación sobre el objeto poseído. Y escribo la palabra "objeto" porque la consideración de las personas como propiedad cosifica, objetiva, un tipo de relación esencialmente humana.

Las consecuencias de tales sentimientos no suelen quedarse en una sensación interior de posesión. Por el contrario, tienden a hacerse explícitos, a materializarse.


Porque alguien se siente dueñ@, y otr@ esclav@,

actúa como poseedor y el otro como poseído.


Pero no escribamos más en abstracto. Pongamos un ejemplo.

Muchos padres sentimos que nuestros hijos son una propiedad, que nos pertenecen. Si nos preguntaran, obviamente, lo negaríamos. Sin embargo, debemos poner la atención en nuestra conducta. No tanto en las palabras.

En tales situaciones, se producen múltiples iniciativas de los hijos que rechazamos, explícita o implícitamente, por la sencilla razón de que no nos parece bien. "Es por tu bien", decimos.

De mantenerse, las consecuencias de este tipo de situaciones suele provocar, a la larga, una baja autoestima y falta de seguridad en uno mismo, con independencia de la edad o posición social a la que hayamos llegado.
La influencia del poder aspira a ser total y suele trascender el propio periodo de la crianza: elección de la pareja, vida conyugal, crianza de los nietos o nuestra relación, en general, con el resto de las personas.

Aprendo a ser propiedad. Más tarde, sólo me queda derivar.

Y derivo para no ser pasto del miedo o la culpa, que es una forma de miedo.

Aunque no debemos generalizar, generalizo; porque me parece un fenómeno social tan pernicioso como extenso.

Es una realidad adherida pero, objetivamente, creo que otra forma de Ser es posible.




viernes, 8 de julio de 2011

CURRÍCULUM OCULTO













Introduzco las palabras "currículum vítae" en el diccionario virtual de la Real Academia de la Lengua y, en primer lugar, aparece con letras verdes el siguiente texto: Loc. lat.; literalmente, 'carrera de la vida'.

Carrera de la vida.

Sin embargo, como casi todos sabemos, la palabra "currículum" está especialmente asociada al conjunto de méritos académicos y experiencia profesional de una persona. Un currículum puede expresar información relativa al estado civil, el número de hijos o las distintas aficiones de una persona pero, de forma harto frecuente, su interpretación se hace en función de sus posibles implicaciones en la productividad laboral: estar casad@, o con hijos, por ejemplo, supone una información útil a la hora de valorar la fuerza negociadora y/o productiva de un asalariado.

La cúpula del neoliberalismo ha ido convirtiendo el currículum vítae en el parámetro visible y fundamental utilizado para reflejar la totalidad de la persona. Una suerte de abreviatura de la personalidad, que constituye el sucedáneo de una caricatura contemporánea del hombre

Somos B pero nos impelen hacia el formato particular de un A.

Hay que trabajar más y mejor, dicen los ínclitos defensores de la modernidad. Yo completaría la apelación de esta forma: Los que tienen trabajo, deben trabajar más y mejor. De esta forma, la vida personal queda reducida a un pequeño módulo donde, de forma estertórea, se aplacan las inevitables tareas de mantenimiento vital: sueño, comida y sexo.

Vida mínima, predecible, sustituible y, por lo tanto, prescindible.

Hombre ISO 9000.

Las salpicaduras de la frustración no conoce fronteras pues cualquier vida acorralada (en el sentido de corral) las genera. El abandono progresivo de la vida personal en aras de la productividad prepara el advenimiento del reino del currículum vítae haciendo, más poderoso y necesario aún, su propio lateral oculto: una inversa forma de SER posible.

martes, 14 de junio de 2011

BLANCO COMO BLANCO










Hoy te propongo ser ocasionalmente blanco, acromático, fondo incoloro. No tienes que preocuparte porque parezca que el blanco sea un color indefinido. Al contrario. Porque desde la teoría aditiva del color se asume que el color blanco comprende todos los colores. En realidad, el color blanco es un color de colores, un metacolor. "Aditivo" tiene aquí connotaciones de suma o rasgo positivo (+).

AMARILLO es el color que recibes si alguien se enfada contigo, te levanta la voz; si recibes un mal trato, en ese momento, estás recibiendo el color definido de la persona: AMARILLO.

Si en respuesta al otro te enfadas o levantas la voz; si proporcionas también un mal trato, proyectas sobre aquel tu propia definición de color: AZUL.

Desde la teoría sustractiva del color, la mezcla de pigmentos amarillos y azules refleja el color VERDE. "Sustractivo" tiene aquí connotaciones de resta o rasgo negativo (-). Cuando estos dos pigmentos se mezclan es muy difícil conocer con exactitud qué color reflejará su resultante y más difícil aún definir sus límites: análisis agotador.

El blanco es la única posibilidad de tomar conciencia del otro. Tomar el blanco como objetivo, el blanco como blanco, representa una prueba más de otra forma de SER posible.

miércoles, 11 de mayo de 2011

CONCEPTOS














ONTOLOGÍA TEÓRICA

Creo que es muy importante conocer de qué estamos hablando, a qué nos estamos refiriendo, cuando señalamos algo. Trato, tan sólo, de expresar la relevancia de cuidar la relación entre la cosa y la palabra que lo designa, entre el significado y el significante. Vivimos en un momento en que la cosa cambia y, sin embargo, seguimos manteniendo la misma palabra para designar el objeto que ha cambiado, cualitativa o cuantitativamente, respecto al anterior.

¿Cuándo tenemos que utilizar una palabra distinta para designar un objeto? Cuando el objeto al que nos referimos ya no sea el mismo, diriamos. Pero, entonces, ¿cual es el criterio que nos sirve para discriminar dos objetos como diferentes o similares?

That's the question!



ONTOLOGÍA PRÁCTICA

He comprado unas cuantas peras en el supermercado que tenían el aspecto de peras. Las he comprado como peras y, en la factura aparecía el concepto de la compra: peras.
En la cocina de mi casa he pelado una pera con el cuchillo. La piel de la pera caía al plato de una forma muy similar a como caen otras pieles de pera. Cuando he terminado de pelar la pera, su apariencia blanca tenía el aspecto de una pera pelada. Sin embargo, cuando he cortado un trozo para llevármelo a la boca un shock conceptual me ha sorprendido: aunque todavía su textura seguía siendo fiel a su nomenclatura, la pera sabía a medicina, a perros muertos...

Ahora, a las peras de siempre, las llaman peras ecológicas. ¿Por qué no dar un nombre diferente a la pera que no sabe a pera pero que parece, por su apariencia externa, una pera? Propongo un nombre diferente a la cosa que no cumple los requisitos mínimos para llamarla por su nombre.

En este caso, pongo un pero a la pera. Propongo llamarla DES-ES-PERA. DES, como prefijo que denota la inversión del significado simple de la palabra a la que acompaña; ES, como presente indicativo del verbo SER; PERA, nombre de la fruta.

Y así, con cualquier cosa.



Otra forma de SER posible nos es-pera.

miércoles, 16 de febrero de 2011

LA CURVA DE LA FELICIDAD


























Hoy hablaremos sobre la felicidad, ese estado mental y corporal tan hablado, inasible y misterioso.

El camino hacia la felicidad sólo es curvo en determinado sentido.

Llamamos curva de la felicidad a la línea, más o menos pronunciada, que destaca cuando nuestro abdomen se ha dilatado. En muchas ocasiones, tal estado no es mórbido sino que delata una costumbre alimentaria desmesuradamente mal educada. Dilatamos progresivamente nuestras panzas, ingiriendo alimentos y bebidas en una cantidad muy por encima de nuestras necesidades reales. La mezcla de una ingesta sobreabundante y vida sedentaria da como resultado el prominente estado que llamamos la curva de la felicidad.

Probablemente, en periodos de escasez, tener una barriga parabólica haya sido síntoma de abundancia, de tener. Nuestra gordura representaría un reservorio seguro ante potenciales estados de carencia. Sin embargo, en este momento, en nuestra sociedad occidental, este embarazo alimentario no se debe a razones preventivas.

Por el contrario, tener barriga representa en muchas ocasiones el reflejo de una compensación. Comemos para llenar, para liberarnos del sentimiento de ansiosa carencia en el SER. Comer se ha convertido en el sucedáneo del tener pues representa la forma más accesible e inmediata de huir de la angustia. Además, la obesidad también es la puerta de entrada a futuras enfermedades de tipo vascular, osteopáticas,... etc.

Decimos certeramente que es importante cuidar la línea pero debemos matizar nuestra aseveración porque nos estamos refiriendo aquí a una línea recta, no curva.

Comer para consumir; consumir para tener; tener para SER... Por esta razón, no podemos seguir llamando a este idiosincrásico trazado la curva de la felicidad.

Existe otra curva más cercana a la descripción de felicidad. Se trata de una curva que refleja cómo aumenta nuestra felicidad a medida que tenemos. Si partimos de un estado de carencia absoluto, cualquier pertenencia que aplaque ese estado inicial, eleva nuestra sensación de felicidad en igual proporción. Esto ocurre durante los primeros tramos. Sin embargo, cuando nuestras necesidades más importantes se encuentran cubiertas, el incremento neto de felicidad que se produce no es tan grande como al inicio de su recorrido. Observamos cómo la curva de la felicidad alcanza una asíntota, un punto máximo, que tiende a ser estable en el tiempo aunque se produzcan nuevos incrementos en el patrimonio.

En nuestra civilización, tener las necesidades básicas satisfechas es un tipo de felicidad relativamente asequible. Por esta razón, es importante darse cuenta de la dimensión de tener cuando lo necesario está cubierto. A partir de determinado momento, tener no incrementa significativamente nuestra felicidad.

Tener no llena completamente el SER porque el SER se alimenta de sí mismo, danto testimonio de otra forma posible de SER.