jueves, 24 de mayo de 2012

PROPIEDAD Y PRÉSTAMO








Propiedad y préstamo son dos conceptos relacionados con el tema de hoy: la ruptura de hecho, o de derecho, de una relación de pareja en la que hay hijos.


Por defecto, es la madre quien asume la guarda y custodia de los menores. La patria potestad suele ser compartida. Como consecuencia de todo esto, la vivienda habitual, en la que convivían ambos cónyuges, se convierte en el domicilio permanente de los hijos y la madre hasta que, salvo circunstancias, los hijos puedan emanciparse. Puede ocurrir, y ocurre que, un tiempo después de la separación, la madre comience una nueva relación afectiva y su domicilio albergue a un miembro más. La madre recibe una pensión mensual que ayuda a sufragar la manutención de los hijos. El padre, si tiene medios económicos suficientes, comenzará una "nueva vida", en una nueva vivienda, o se mudará temporalmente a la casa de sus padres.

Suele haber un régimen de visitas (un fin de semana cada dos y algún día entre la semana) en la que el padre recoge a sus hijos para estar con ellos. Parte de este tiempo con los hijos es compartido con los abuelos paternos que, indirectamente, también se ven afectados por esta distribución temporal asimétrica.

En el contexto de esta situación, la casuística de cada persona puede ser muy distinta pero destacaría dos sucesos frecuentes:

1.- El impago de la pensión, por parte del otr@, para hacer daño al otr@.

Esto ocurre, desgraciadamente, a costa de los hijos. Porque los hijos reciben, directa o indirectamente, el daño final que ocurre. Los hijos, finalmente, son los que pagan.

2.- La utilización y manipulación de los hijos para hacer daño al otro cónyuge

Se ha denominado Síndrome de Alienación Parental al efecto que esta circunstancia causa sobre los hijos. Esta acción pretende modelar la percepción de la realidad del niño para que coincida con la uno de sus progenitores.

Víctimas y victimarios. Propietarios y prestamistas unos; precarios otros.


Todo es a cuenta de los hijos. Porque los hijos reciben el daño que ocurre. Los hijos pagan finalmente la propiedad, o el préstamo, que conciben que son.


Y mientras, a lo largo de largos años, el niño está en medio, entre los dos fuegos y el conjunto heterogéneo de personas que conforma el grupo familiar: familia materna, familia paterna, la familia de la nueva persona con la que convive la madre, la familia de la nueva persona con la que convive el padre,...


Pero los hijos no son ni una propiedad ni, en consecuencia, un préstamo. Los hijos son las verdaderas víctimas de esta situación. Algo que, desde su impotencia, no han elegido elegir ni sufrir.

Tener hijos es una práctica fácil y hedonista. Ser padres es algo muy difícil y altruista. Tener hijos, y ser padres, son dos realidades actualmente contrapuestas que tienen la necesidad de ser reconciliadas en el crisol de una misma unidad: sexo y amor. Sexo y amor para que otra forma de ESTAR sea el reflejo de una nueva manera de SER en el mundo.